La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el fenómeno de El Niño se ha consolidado y se intensificará hasta alcanzar una categoría muy fuerte, prolongándose al menos hasta febrero de 2027.

Este evento climático natural, caracterizado por el calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y exacerbado por un contexto oceánico de temperaturas récord, alterará de forma drástica los patrones de lluvias y temperaturas a escala global, incrementando de manera crítica los riesgos de inundaciones, sequías severas y episodios de calor extremo.

Los impactos ya comienzan a manifestarse en diversas regiones agrícolas clave del planeta, en Centroamérica la alteración pluviométrica ha desencadenado una fuerte sequía y escasez de agua que castiga severamente los cultivos de maíz y a miles de familias campesinas, en la India el debilitamiento de las lluvias del monzón perjudica la producción agrícola, mientras que zonas de África, el sudeste asiático y Australia enfrentan el riesgo inminente de lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra.

Desde una perspectiva socioeconómica, el golpe más grave recae sobre la disminución de la producción de alimentos y el encarecimiento de los precios internacionales, un escenario complejo al que se suman tensiones geopolíticas globales como el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz.

Celeste Saulo secretaria general de la OMM, advirtió que este episodio excepcional exige medidas de preparación y respuesta extraordinarias por parte de los gobiernos, el principal motivo de alarma para la comunidad científica es el calentamiento anómalo de los océanos: no solo se han superado los registros normales en la superficie con incrementos de hasta 2.6 grados Celsius, sino que bajo el agua el calor acumulado alcanza magnitudes extremas, superando la media en más de 8 grados en determinadas zonas.