Una salpicadura de cloro en los ojos puede parecer un accidente doméstico menor, pero algunas exposiciones pueden provocar lesiones oculares graves e incluso pérdida permanente de la visión. Sin embargo, esto no significa que cualquier contacto con cloro doméstico vaya a causar ceguera.
La gravedad depende de factores como la concentración del producto, la cantidad que entra en contacto con el ojo, el tiempo que permanece allí y especialmente, la rapidez con la que se inicia el lavado, las concentraciones domésticas bajas suelen provocar irritación y molestias temporales cuando el ojo es enjuagado rápidamente, mientras que soluciones más concentradas pueden ocasionar quemaduras químicas severas.
El llamado “cloro” utilizado habitualmente para limpiar y desinfectar no es cloro elemental, sino que suele contener hipoclorito de sodio. La concentración puede variar entre productos, por lo que es importante revisar siempre la etiqueta del envase.
Cuando el hipoclorito entra en contacto con el ojo puede provocar ardor, lagrimeo, enrojecimiento e irritación. En exposiciones más intensas, puede producir una quemadura química que afecte la córnea y otras estructuras oculares, en los casos graves la córnea puede perder transparencia y la visión deteriorarse de forma permanente.
Por eso no existe una cantidad única de cloro que permita determinar si una persona sufrirá una lesión grave, el riesgo aumenta cuando la sustancia está más concentrada, entra en mayor cantidad o permanece durante más tiempo en contacto con los tejidos. La rapidez con la que se inicia la irrigación también puede influir en el pronóstico.
Ante una salpicadura, el tiempo es fundamental, la recomendación médica es comenzar a lavar el ojo inmediatamente con abundante agua limpia o solución salina, manteniendo el ojo abierto durante la irrigación, los lentes de contacto deben retirarse si pueden quitarse fácilmente sin causar una lesión adicional.
No se debe intentar neutralizar el cloro colocando otra sustancia química en el ojo ni esperar a que el dolor desaparezca, las quemaduras químicas oculares son consideradas una emergencia médica, por lo que después de iniciar el lavado se debe buscar atención profesional, especialmente si existe dolor intenso, visión borrosa, sensibilidad a la luz, enrojecimiento persistente o cualquier cambio en la apariencia del ojo.
Un ojo que adquiere una apariencia blanquecina después de una exposición química puede presentar una opacidad de la córnea, pero ese cambio no permite determinar por sí solo que una persona haya quedado ciega ni establecer que el cloro sea necesariamente la causa, el diagnóstico debe realizarlo un profesional de la salud visual.
Otro riesgo importante está en la mezcla de productos de limpieza, nunca se debe combinar cloro con otros limpiadores o desinfectantes, especialmente productos que contengan amoníaco o determinados ácidos, ya que pueden generarse gases irritantes o tóxicos que afectan los ojos y las vías respiratorias.
En conclusión, una exposición grave al hipoclorito puede causar daño ocular permanente y pérdida de visión, pero no toda salpicadura de cloro provoca ceguera, la diferencia está en factores como la concentración, la cantidad, el tiempo de contacto y la rapidez de la descontaminación.
Ante una exposición, la prioridad es clara: lavar inmediatamente el ojo y buscar atención médica, con las lesiones químicas oculares, esperar para comprobar si las molestias desaparecen puede significar perder un tiempo valioso.