La decisión de Estados Unidos de dejar fuera a Cuba de la flexibilización temporal de sanciones al crudo ruso añade presión a la ya crítica situación energética que enfrenta la isla, en medio de un complejo escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y alzas en los precios del petróleo.
El Departamento del Tesoro a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) autorizó de manera limitada la liberación de cargamentos de crudo ruso varados en el mar para estabilizar los mercados globales, sin embargo Cuba figura entre los países excluidos de esta medida, junto a otras naciones sancionadas, lo que impide la venta o entrega de petróleo ruso a la isla.
La disposición vigente hasta el 11 de abril, no permite nuevos envíos, sino únicamente el desbloqueo de cargamentos ya existentes, aun así Cuba queda fuera del beneficio en un momento en que enfrenta una severa escasez de combustible, agravada por las restricciones impuestas por Washington y la reducción de suministros externos.
En paralelo reportes internacionales indican que buques rusos cargados de hidrocarburos se dirigen hacia Cuba, en lo que sería un intento de aliviar la crisis energética, caracterizada por apagones, limitaciones en el transporte y afectaciones a sectores clave.
Las autoridades rusas han reiterado su disposición de apoyar a la isla, mientras que el contexto global —incluyendo conflictos en Medio Oriente y restricciones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz— ha incrementado la volatilidad del mercado energético.
La exclusión de Cuba de esta flexibilización ocurre en un momento especialmente delicado, tras meses de dificultades en el suministro de combustible que han impactado el sistema eléctrico y la economía en general, analistas coinciden en que estas medidas reflejan cómo las tensiones internacionales y las sanciones siguen condicionando el acceso a recursos energéticos en la región.