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Histórico hallazgo en la Antártida: captan por primera vez un tiburón dormilón gigante en aguas extremas

Un tiburón dormilón de gran tamaño fue grabado por primera vez en las gélidas profundidades de la Antártida, en un descubrimiento que ha sorprendido a la comunidad científica y que desafía la creencia generalizada de que estos depredadores no habitaban las aguas extremas del hemisferio sur.

El ejemplar fue captado por una cámara operada por el Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre, instalada frente a las Islas Shetland del Sur, cerca de la península Antártica, el animal descrito como voluminoso y de movimiento lento, medía entre tres y cuatro metros de longitud, dimensiones que lo convierten en un depredador de gran envergadura para un entorno donde su presencia no estaba confirmada.

El registro se produjo a unos 500 metros de profundidad, en una zona donde la luz solar no alcanza el fondo marino, de acuerdo con el investigador Alan Jamieson, el tiburón se encontraba en una capa de agua relativamente más cálida dentro de un océano fuertemente estratificado, en el Océano Antártico, también conocido como océano Austral, las diferentes capas de agua presentan propiedades físicas distintas y no se mezclan fácilmente debido a factores como la densidad y el deshielo.

“Bajamos allí sin esperar ver tiburones porque existe una regla general de que no hay tiburones en la Antártida” explicó Jamieson “Y ni siquiera es uno pequeño, es un tiburón enorme, estas cosas son como tanques” añadió, subrayando la magnitud del hallazgo.

Por su parte el biólogo de conservación Peter Kyne de la Universidad Charles Darwin afirmó que nunca antes se había documentado un tiburón tan al sur del planeta, no obstante señaló que estos animales, caracterizados por su lentitud y hábitos discretos, podrían haber habitado la región durante mucho tiempo sin ser detectados.

Los científicos estiman que la población de tiburones dormilones en el océano Antártico probablemente sea reducida y difícil de observar, según Jamieson estos depredadores podrían alimentarse de cadáveres de ballenas, calamares gigantes y otras criaturas marinas que se hunden hacia las profundidades, aprovechando los recursos disponibles en un ecosistema extremo y poco explorado.

La limitada presencia de equipos de grabación en esas profundidades también influye en la escasez de registros, las cámaras submarinas solo pueden operar durante el verano austral, entre diciembre y febrero, debido a las severas condiciones climáticas “El otro 75% del año, nadie está mirando en absoluto, y por eso creo que de vez en cuando, nos encontramos con estas sorpresas” concluyó Jamieson.

Este hallazgo no solo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad en aguas profundas, sino que también abre nuevas interrogantes sobre la adaptación de especies marinas a condiciones extremas y el posible impacto del cambio climático en la distribución de fauna en el hemisferio sur, la presencia de un tiburón dormilón en la Antártida redefine los límites conocidos de estos depredadores y evidencia cuánto queda aún por descubrir en los océanos del planeta.