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Sergio Vargas reafirma su cariño eterno por el público venezolano

El merenguero Sergio Vargas volvió a demostrar que no esquiva los temas incómodos ni edulcora sus opiniones. Fiel a su estilo franco y directo, el artista explicó las razones que lo han llevado a presentarse en Venezuela y a mantener una relación cercana con un público que, asegura, fue clave en el nacimiento de su proyección internacional.

Vargas recordó que su primera gran oportunidad fuera de República Dominicana ocurrió precisamente en Venezuela, cuando se presentó en el emblemático programa Sábado Sensacional. Desde entonces, afirma, nunca ha dejado de regresar a ese país. Para el intérprete, cantar allí no responde a afinidades políticas, sino a un compromiso artístico con un pueblo que ha sido constante en su apoyo.

“El ir a cantar a Venezuela es un acto de gratitud y fidelidad con un público que siempre ha estado ahí”, sostuvo, al tiempo que subrayó que la música debe servir para llevar alegría, incluso en contextos de adversidad. En ese sentido, no rehuyó referirse a la fotografía en la que aparece saludando al expresidente venezolano Nicolás Maduro, ni a las críticas que esto ha generado.

Vargas fue enfático al señalar que saludar o presentarse ante determinadas figuras no implica complicidad política. “Soy amigo de todo el mundo, no cómplice”, dijo, citando una frase del presidente dominicano Luis Abinader. Recordó, además, que en el pasado también cantó en Colombia para Pablo Escobar, una experiencia que ya había hecho pública en entrevistas anteriores.

El artista comparó estas situaciones con episodios históricos de la música dominicana, al evocar a los intérpretes que se presentaban durante la dictadura de Rafael Trujillo. A su juicio, la música no debe ser juzgada como un instrumento político, salvo cuando se utiliza de manera explícita para hacer activismo. “Ni siquiera cuando fui candidato usé mi música para promoverme”, aclaró.

Para Vargas, no existe diferencia entre cantarle a un dictador o a un político corrupto, y defendió que su sustento siempre ha sido obtenido de manera lícita. “Siempre que Venezuela me llame, allí estaré, sin importar el régimen”, afirmó.

2026: cuatro décadas de historia musical

El año 2026 marcará un hito en la carrera del llamado “Negrito de Villa”, quien celebrará los 40 años de su proyecto musical iniciado en 1986 con el álbum La quiero a morir, lanzado bajo el sello Karen Records, luego de su paso por agrupaciones como Los Hijos del Rey y la orquesta de Dioni Fernández.

Vargas destacó que este proyecto no solo representa una trayectoria artística, sino también una fuente de sustento para decenas de familias. “No soy de los que hacen caridad para exhibirla. Hay muchas familias que viven de este trabajo y no me corresponde contarlas”, expresó.

Como parte de la celebración, el merenguero prepara una serie de conciertos dentro y fuera del país, cuya producción estará a cargo de Vidal Cedeño, con la asesoría artística de José Antonio Rodríguez. El espectáculo llevará el nombre de El ayer es hoy, al igual que su más reciente disco recopilatorio.

Esta producción reúne sus grandes éxitos regrabados con sonido remasterizado y será lanzada en cuatro versiones bajo el sello J/N Records, manteniendo la esencia vocal y musical que ha caracterizado su carrera.

Reflexiones personales y culturales

En el plano personal, Sergio Vargas reflexionó sobre el rol del artista en la sociedad y manifestó su preocupación por la decadencia cultural que, a su juicio, afecta al merengue. No obstante, aseguró que el género mantiene su vigencia y estabilidad, al igual que la bachata, al ser elementos imprescindibles en la identidad festiva del país.

Asimismo, lamentó la pérdida de varios artistas durante 2025, en especial la muerte de Rubby Pérez, ocurrida tras el colapso del techo de la discoteca Jet Set, mientras animaba una de sus tradicionales presentaciones.

Finalmente, el intérprete confesó haber hecho las paces con el paso del tiempo. “La vejez y la muerte son inevitables. No les tengo miedo”, concluyó.