Medellín, Colombia — Un contundente fallo judicial marcó un precedente en la lucha contra la violencia intrafamiliar en Colombia. La Comisaría de Familia de la Comuna 16 en Medellín concluyó que el cantante urbano Beéle (Brandon de Jesús López Orozco) fue víctima de violencia física, psicológica, económica y emocional por parte de su expareja, Camila Andrea Rodríguez Ascanio, madre de sus hijos y exintegrante de su equipo de trabajo.
El fallo, emitido este jueves 21 de agosto, se sustenta en un sólido respaldo probatorio, que incluyó informes psicológicos, testimonios (como el de una exempleada doméstica) y análisis financieros que demuestran un patrón claro de manipulación emocional, control financiero, gaslighting, agresiones físicas en al menos tres ocasiones y coerción religiosa.
Como resultado, se impusieron medidas de protección definitivas que protegen su integridad, buen nombre, intimidad y seguridad personal. Se prohibió a Rodríguez Ascanio realizar acciones públicas o privadas que puedan afectarlo, incluyendo la difusión de imágenes o material que vulneren su privacidad.
Además, se le exigió someterse a terapia para control de impulsos, manejo emocional y resolución pacífica de conflictos. Y, en una decisión centrada en el bienestar de los menores, se garantizó la comunicación directa entre el artista y sus hijos, sin intermediarios.
La representación legal del artista, Víctor Mosquera Marín Abogados, celebró el fallo como un avance significativo en la protección efectiva de las víctimas de violencia intrafamiliar y una reafirmación del deber del Estado de garantizar justicia.
Por su parte, Rodríguez Ascanio respondió públicamente desde Instagram con un mensaje cargado de fe y confianza en la justicia divina:
“Tiempo al tiempo… Dios es bueno… todo cae por su propio peso… les daré la mejor lección de vida”, manifestó.
Este episodio, que saltó de los medios a redes sociales, no solo sacudió la esfera del entretenimiento, sino que también visibilizó dinámicas a menudo invisibilizadas: aquellas en las que un hombre —como figura pública— puede ser víctima de violencia intrafamiliar. Representa además una llamada urgente a repensar los estereotipos y abrir el enfoque de protección a todas las víctimas, sin distingo de género.
